Con la llegada de un nuevo poder político al gobierno federal, también llegó la esperanza de un proceso de “transformación” de proporciones nunca antes vistas que llevaría al bienestar de todos los mexicanos. No obstante, las malas decisiones de política pública revelan que pronto esta esperanza no será más que una promesa vacía: México no va bien, la economía está en franca desaceleración, y, lo peor, no parece haber rumbo ni estrategia efectiva a la vista.

Recientemente, el Inegi presentó los resultados de la Estimación Oportuna del PIB correspondiente al segundo trimestre del 2019. Las cifras demostraron que la economía registró un mediocre crecimiento de 0.1%, con decrecimientos tanto en el sector primario como en el secundario. Esto sin duda es muy preocupante y no es algo que se debe celebrar, ya que, como detalló el subgobernador del Banco de México, Jonathan Heath, estas cifras revelan que el crecimiento promedio anual de los últimos cinco trimestres es de 0.04%, ¡prácticamente nulo!

Según datos oficiales, durante el primer trimestre de este año, Tabasco, antes conocido como el Edén de México, fue la entidad con el peor desempeño en el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal, registrando una caída de 0.1% respecto al trimestre anterior, y de 10.9% en comparación con el primer trimestre del 2018. Estos datos no sólo confirman el decimoquinto trimestre de decrecimiento consecutivo para el estado natal del presidente, sino que ponen en evidencia que la llamada “transformación” que tanto han prometido aún no rinde frutos.

Este panorama es realmente sombrío, especialmente porque se requiere dinamizar la economía para compensar la enorme falta de desarrollo. Según el último estudio del Coneval, para el 2018, más de 50% de la población tabasqueña vive en condiciones de pobreza, con más de 12% en situación de pobreza extrema y 46% sufriendo de carencias básicas como el acceso a la alimentación. Tabasco ya está considerado entre los cinco estados donde la proporción de pobreza extrema es mayor a la del resto del país. Somos la entidad federativa donde el mayor número de ciudadanos carece de acceso a la alimentación y el lamentable cuarto lugar con la mayor población que carece de servicios básicos en la vivienda.

Para solucionar esta problemática y reactivar los motores de desarrollo del estado, el gobierno federal le ha apostado a la construcción de la refinería de Dos Bocas. Quiero insistir que jamás estaré en contra de la necesaria inversión que requiere mi estado, mas hay que reconocer que aún quedan muchas preguntas sin responder, razón por la cual sigo realizando solicitudes de transparencia en aras de que se nos informe adecuadamente: ¿Cuál fue el presupuesto final asignado para esta obra? ¿Qué porcentaje de este recurso se ha ejercido por empresas tabasqueñas? ¿Cuántos empleos locales ha generado a partir de esta asignación? Lo he dicho y lo reitero, hoy los tabasqueños vivimos en un infierno, por lo que es sumamente importante conocer todos los pormenores del único proyecto que planea “salvar” a nuestro estado, además de que nos informen de la viabilidad técnica, ambiental y financiera de este megaproyecto.

Hoy, más que nunca, estoy convencida que para que exista un cambio verdadero, es indispensable primero afrontar la realidad, por más oscura que sea. México no va bien y Tabasco es sólo un ejemplo de ello. Es hora de que nuestros funcionarios aprendan que las decisiones que tomen en la arena federal tienen como objeto mejorar las condiciones de todos los ciudadanos, especialmente de las regiones que están en condiciones más lamentables, ya que, de lo contrario, el cambio que tanto prometieron dejará mucho por desear.

SorayaPérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Mexico-no-va-bien-20190812-0017.html